¡Una nube... Un pensamiento!

Claude É Mon Cannizzo

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« La Vía es fundamentalmente perfecta. Lo penetra todo. ¿Cómo podría depender de la práctica y de la realización? El Vehículo del Dharma es libre y sin obstáculo. ¿Por qué es necesario el esfuerzo humano concentrado? En verdad, el Gran Cuerpo está más allá del polvo del mundo. ¿Quién podría creer que hay una manera de desempolvarlo? Nunca es distinto de nadie, siempre exactamente donde estamos. ¿Para qué ir aquí o allá para practicar? »

Estas son las primeras frases del Fukanzazengi, el primer texto que escribió el Maestro Dogen a la vuelta de su viaje a China a donde fue para encontrar las raíces del zen.

¿Qué nos dice este inicio del texto? Ante todo, formamos parte del mundo que nos rodea, sólo que lo olvidamos. Hemos olvidado que pertenecemos al entorno en el que estamos. No hay nada que debamos hacer, no hay nada que debamos creer para ser salvados. Sólo tenemos necesidad de despertarnos y comprender que somos ya la naturaleza de Buda. Donde estamos o practicamos.

Los componentes de nuestro ser, de nuestro cuerpo existen desde hace  cientos de millones de años. Las moléculas de nuestro cuerpo han formado parte de los antiguos mares, antes mismo de que la Tierra fuera tal y como la conocemos. ¿Cómo podríamos no formar parte de ella, ahora mismo? es sólo que lo hemos olvidado, demasiado ocupados en mirar nuestro ombligo.

Ya no vivimos de manera a sentir nuestra conectividad. El resultado es que cuando olvidamos nuestra conexión con los otros, se hace difícil vivir o entenderse con ellos. Olvidamos que « el sentido de la vida » aquí no es sólo ganar dinero, tener poder, coleccionar cosas para el futuro… sino vivir en unidad los unos con los otros. Cuidar de nuestras familias, de nuestros amigos, hacer un trabajo que tenga sentido y que nos convenga. En definitiva, nada más que seguir los preceptos y el Óctuple Sendero.

El fundamente de nuestra vida de Bodhisattva es la sabiduría y la compasión de Buda. Pero es algo que necesita de un esfuerzo para realizarlo. Una forma de hacer este esfuerzo es tomar un momento para mirar en sí, un poco como mirar el cielo. Al hacer esto, nos damos cuenta de que hay nubes. Mirando atentamente, preguntaros: « ¿Pertenecen al cielo? »

De igual manera en zazen, al observaros, veis pensamientos: ¿os pertenecen? Al mirar bien, constatáis que en realidad, igual que las nubes en el cielo, están de paso. Efectivamente, las nubes forman parte del paisaje del cielo, pero no son el cielo. Igualmente los pensamientos forman parte de nosotros, pero no son nosotros. El Ignorante cree que es lo que piensa, pero el despierto, el sabio, no se equivoca…

Volviendo al Fukanzazengi, para darse cuenta de esto, no hay necesidad de recorrer el mundo, podemos observarlo aquí, ahí donde estamos, ahí donde vivimos, pues como está escrito; « la vía está siempre ahí donde estamos. » ¿Para qué ir de aquí para allá para practicar?

¡Pero! Porque hay un « pero. » ¡Como dice la frase siguiente del Fukanzazengi!

 « Sin embargo, si existe una brecha, por estrecha que sea, ¡la Vía permanece tan alejada como el cielo y la tierra! »...

 

 

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